TalCual celebra sus 16 años de vida, haciéndole un homenaje a los caricaturistas e ilustradores del país

Especial aniversario: tributo a los caricaturistas




LOS TRAZOS DEL PAÍS


El caricaturista Luis Velásquez, ilustrador del Diario de Guayana, recreó una imagen mental para explicar la importancia de Pedro León Zapata en el humor gráfico de Venezuela. "Fue un árbol que soltó hojitas. Esas hojitas somos nosotros", dijo luego de su muerte en febrero de 2015. Es que la impronta del Maestro marca el crecimiento de la opinión dibujada en el país; y sus pupilos,
lo hayan conocido personalmente o no, reconocen en él a un ejemplo a seguir.

Esas hojas de las que habla Velásquez hoy narran el país, con la agudeza y la precisión que solo se puede hacer en pocas palabras. Un estilo que la revolución chavista a veces no entiende, no tolera, y por lo que, en ocasiones, han sido víctimas de la censura. Sin embargo, allí late el ejemplo de Zapata, y ninguno cede a las presiones. Las burlan como hacen los creativos.

Para rendirles home-naje a ellos que no han dejado caer su lápiz, su pincel o sus modernas computadoras, va este especial aniversario. TalCual quiso celebrar estos 16 años junto a los ilustradores y caricaturistas, sabiendo que –como nosotros– han sido sobrevivientes en esta lucha por preservar la libertad de expresión, la democracia y la pluralidad de ideas. Honramos también el talento que tenemos en casa, del que nos sentimos profundamente orgullosos: Kees Verkaik y Roberto Weil.

por Juan Pablo Arocha







LOS COLORES DE KEES


Pinta en una habitación pequeña y absolutamente desordenada de su apartamento en la Tercera Avenida de Los Palos Grandes, en Caracas. En ese desorden hay hileras de tarros con pinturas. Muchos parecen contener mostaza. Kees pinta sobre un lienzo sostenido en un caballete, y ese lienzo parece aguantarlo todo, incluso los golpeteos del propio Kees queriendo demostrar cuán duro es este material. No como el papel, que no aguanta tanto como dicen y que con el tiempo se pone amarillento.

En el mundo de Kees Verkaik no hay sonidos como tampoco los hay en el de su mujer. Ambos son holandeses, ambos son sordomudos, ambos llegaron en un velero a La Guaira luego de más de 40 días de marcha interoceánica. Ambos sacaron adelante a dos bellas mujeres, hoy excelentes profesionales que se desempeñan en el extranjero.

Kees vive en un universo donde el color, el trazo y la luz dominan. Sus ojos son un obturador que lo registra todo y lo devuelve a lápiz, tinta, pintura y aguarrás. Lo que ha hecho en las portadas de TalCual o en sus páginas interiores ilustrando editoriales, reportajes y artículos es tan solo parte de lo que es capaz su mano generosa y precisa.

Hace años hizo los mejores libros para Lagoven y otras empresas de Pdvsa; dibujóMi cocina para Armando Scanonne y le dio vida al bateador del afiche que acompañó el LP más popular de El trabuco venezolano.

Ya no tiene trabajo todos los días. Ya TalCual en papel no aparece de lunes a viernes y él se ha quedado como con ganas de seguir. Tiene en su casa unos grandes tomos empastados con ediciones de todos estos años. Allí está su Chávez particular, su general gordinflón montado en un tanque, Maduro con cara de imbécil; Fosforito y Aristóbulo. No, nunca se han comunicado con él para demandarlo o amenazarlo, aun cuando uno de sus dibujos forma parte del cuerpo del delito según el libelo inventado por Diosdado Cabello.

Kees es flexible y abierto. Sube al Ávila, juega tenis todos los sábados en un club cercano: uno puede imaginarlo en la cancha, abstraído, concentrado en la raqueta y la pelota. ¿Qué pasará por la cabeza de sus contendores?

Muestra un dibujo de Iris Varela muy fastidiada por las circunstancias. Ha debido disfrutar mucho como dibujante en el periódico. Ahora está enfrascado en pintar y es muy severo consigo mismo. No está contento con los resultados, no al menos hasta ahora. Aguarrás y tubos plásticos de pintura burnt sienna (algo parecido al ladrillo) que alguien importó de Holanda: son parte de sus herramientas. Su obsesión parece ser capturar el calor de este trópico que lo enamoró hace más de cuarenta años. Por nada del mundo regresaría a Holanda.

Transmitir calor en una pintura no es un logro fácil. Entender a Kees y su fascinación por Caracas y por Venezuela aun en esta hora aciaga, tampoco lo es. Pero ahí está. Quizás sea tiempo de ofrecerle un homenaje o algo parecido, aunque a él eso ni le atraiga ni le distraiga.

por Sebastián de La Nuez www.hableconmigo.com




Kees, el imprescindible

Un hombre alto, sin edad y cabellos canosos acompaña a TalCual desde el primer día compartiendo con este periódico los avatares y situaciones límites por los que ha tenido que transitar en su misión de informar, bajo el signo de la denuncia. En medio de esta aventura periodística, siempre aparece Kees Verkaik, el ilustrador cuyos trazos en lápiz o en acuarela han impulsados las mejores portadas, innumerables reportajes y no pocos artículos de opinión. En sus dibujos vuelca la rabia y la frustración del venezolano. Describe la realidad que le ha tocado vivir y que él resume con ingenio y mordacidad, de modo que las palabras sobran. Dotado de una atinada visión artística a la que le exige no repetirse, Kees conforma, junto a Teodoro Petkoff, la marca de fábrica de TalCual. Enemigo de los homenajes, pocos conocen su trayectoria de creador, de su pasión demoledora por la pintura y de su conocimiento del rasgo humano plasmado sobre el papel. Para que su aporte profesional no termine sumido en el anonimato, hoy le brindamos este tributo a través de su propia obra. Gracias, Kees, por seguir creyendo en TalCual.
por Omar Pineda

Poder. Esa es la palabra que define los trazos de los caricaturistas de nuestra casa, quienes, con gran inteligencia, plasman con líneas y colores el sentimiento del país y el significado de una simple noticia que con una caricatura se puede convertir en la espina que le moleste a altos funcionarios del Gobierno y, por qué no, a sus disidentes. Sus dibujos son la mejor representación de lo que muchos odian: la verdad. Desde los inicios de TalCual, la caricatura se convirtió en parte fundamental de sus portadas, cosa que los demás periódicos del país no se atrevieron a hacer. Bajo la dirección de Teodoro Petkoff, nuestras portadas fueron, son y serán siempre un reto a los que ocultan la verdad. Con el rediseño de 2015, que obligó al cierre del diario y la transformación en semanario, no quisimos ceder espacio para las ilustraciones. Nuestras plumas siguen teniendo protagonismo, de forma exclusiva siempre en la portada acompañando el Humor en Serio de Laureano Márquez. En 16 años de trayectoria, TalCual le ha dado el valor que se merece al talento de estas personas extraordinarias que seguirán siendo parte del equipo que con ahínco les brindan a ustedes, nuestros lectores, un espacio de información crítica y veráz. Nuestras plumas seguirán dando en la llaga. 
por Marialejandra Araujo



Roberto Weil es ingeniero industrial graduado, pero no ejerció por mucho tiempo. Su vocación iba por otro lado. Aunque dice que la profesión le dio una base para sistematizar las caricaturas, hoy define su carrera –la ilustración– por diferentes etapas. La primera cuando estaba cursando el tercer grado y le pedían constantemente que dibujara: "Me decían que dibujaba bien. Me pedían dibujos. Me lo creí. Nunca dejé de dibujar desde entonces", rememora. Otro impulso tendría a los 10 años. Se había mudado y conoció a su vecino, Fabián Capecchi, quien dibujaba historietas de la película de la Guerra de las Galaxias y armaba modelos plásticos de tanques y aviones de guerra. “A mí me impactó mucho su trabajo, era la primera vez que veía a un niño usar pinceles y acuarelas y no creyones. Aprendí que con el tiempo y el empeño se vuelven una herramienta fácil, práctica y hermosa”. A los 23 años, Weil recuerda que llegó su tercera etapa como ilustrador en El Diario de Caracas. Allí aprendió a dibujar y pintar observando a Hugo Ramallo y también a Manuel Loayza, “A través de Manuel conocí el trabajo retratista de los franceses Mulatier y Morchoisne. Quedé enganchado”. Luego de este proceso de aprendizaje y de trabajo, el caricaturista entró a trabajar en el año 2000 al diario TalCual, que precisa como su cuarta etapa, donde además asegura que ha tenido que aprender a pensar antes de dibujar. “Prefiero dibujar sin pensar, ir pensando mientras voy dibujando”. Por tal razón define su estilo como “choreto-anecdótico”. En este proceso ha aprendido de la técnica del dibujo que tuvo Pedro León Zapata y también la forma de transmitir ideas de la “genial Rayma Suprani”. En una entrevista publicada en la revista Libre, en el año 2012, Weil aseguró: “me tuvieron (en TalCual) mucha paciencia porque realmente mis caricaturas durante los primeros seis meses eran muy malas, no hacía reír y no eran agudas”. Igualmente durante ese tiempo trabajó como caricaturas en la revista Dominical del Grupo Últimas Noticias, antigua Cadena Capriles, pero en el año 2014 se vio forzado a dejar la empresa. Para la edición del 5 de octubre había dibujado una sátira a un velorio representado con ratones, pero la hoja fue arrancada de la revista antes de ser distribuida. Aunque su caricatura humorística había sido entregada con semanas de anticipación, su publicación iba a coincidir en cercanía con la muerte del diputado oficialista Robert Serra. Alguien coló la imagen antes de que saliera de imprenta, y el caricaturista recibió insultos y amenazas, y final-mente fue censurado. El Grupo Últimas Noticias, en manos del chavismo, lo despidió. Una de las anécdotas que recuerda Weil es cuando en el año 2001 estaba de viaje en Sudáfrica, donde coincidió con el fotógrafo de National Geographic, David Doubilet y su novia. “Cuando la novia vio mis dibujos en mi “diario de viaje” ella quedó muy sorprendida (para mi sorpresa)”. Doubilet le ofreció a Weil comprarle sus caricaturas. “Al final no les vendí nada porque no quería arrancar páginas de mi cuaderno. Fue una mala decisión”. 
por Saraí Coscojuela Ojeda






Hay rostros adultos que permiten adivinar al niño que llevan dentro todavía. Cada mañana Rayma se mira al espejo, se define y se concilia con esa pequeña que veía el mundo en imágenes irrepetibles. De hecho confiesa que se aventuró en la caricatura desde niña porque siempre ha atesorado una manera de pensar muy gráfica que, sumado a los estudios de periodismo en la UCV, terminaron por marcar su rumbo. Con un estilo de dibujo, acentuado en el sarcasmo y un humor negro del que solo ella sabe dónde están los límites, Rayma Suprami ha descrito con trazos una parte difícil de la historia contemporánea del país. Expresarse a través de esas líneas le ha dado el potencial para ejercitarse y llegar a la caricatura editorial. Un oficio que, según ella, se crea solo y trae con él sus propios conceptos que van generando en el aprendizaje formal la intuición de leer el país en imágenes y traducirlo con un solo dibujo simplificado. "El trabajo del caricaturista es contar toda la película con un solo cuadro", resume. Pero no es suficiente: el humor y la complicidad de comunicación con los lectores es algo vital para ella. Enfrentarse a la hoja en blanco mediante trazos para armar sus ideas, y hacer del dibujo un potencial mucho más rico en lo que se proyecta es, en definitiva, una de las características de la marca de la caricaturista. Confiesa que le inspira el lado humano de las cosas, así como “la infinita idiotez humana”. Siente pasión por los lugares donde el poder se enmascara y se esconde para engañar. En un país como Venezuela ser caricaturista no es un oficio fácil y durante los últimos años de Gobierno la censura ha asomado su rostro hostil. Rayma conoció de ello cuando fue despedida por una caricatura (arriba), tras 19 años de labores en El Universal. Para Rayma la caricatura es un arma del pensamiento, un juego para armar y vernos a nosotros mismos, aunque esto no nos guste como personas. Sus caricaturistas preferidos –porque además han influido en su trabajo– son El Roto (España), Platu (Francia), Kichka (Israel), Quino (Argentina), Taylor Jones (USA), Ángel Boligan (México) y, desde luego, Pedro León Zapata. La caricatura es para ella, que ama la poesía porque ve en las palabras la prolongación de la imagen, una manera de entender el mundo con sus infinitas complejidades, virtudes y engaños, porque para ella el caricaturista es un traductor de la realidad, un libre pensador y un filósofo que pretende descubrir por medio de trazos hacia dónde nos dirigimos. “La caricatura es el termómetro de las libertades de un país; el dibujo critico versus la intolerancia gubernamental es el mejor ejercicio para confrontar las debilidades o fortalezas de una democracia. El humor es el espejo de la sociedad, la representa en su idiosincrasia; en sus virtudes y defectos”. ¿Su obra maestra? Podría decirse que es Venezuela, una imagen que hoy está deformada en su verdadera belleza, pues para Rayma el país es una obra comparable con el trabajo de Julian Freud y Bacon juntos. “La deformación nacional es una obra de arte digna de los grandes genios del mal, es una oda a la destrucción moral y material pensada y actuada por los creadores del grotesco oscurantismo”. 
por Emily Placencia 





La caricatura política no se rinde y con cada trazo dan un golpe certero a los mandatarios de turno. Plasmar la situación política o social de un país no es fácil, en eso coinciden todos los caricaturistas, pero en Venezuela algunas situaciones se llevan al extremo. Eduardo Sanabria, mejor conocido como EDO, nació en la Caracas de 1970, época de revueltas en la UCV mientras se liberaban tandas de presos políticos según las circunstancias. Confiesa que las primeras caricaturas que empezó a ver en su vida fueron las de Zapata: "Me encantaba su dibujo, pero no entendía que quería decir con las palabras. Entonces, me di cuenta con los años que en el humor gráfico, se puede acompañar la imagen del verbo y en eso Zapata fue un maestro", relata EDO sobre quien ahora le toca reemplazar en El Nacional. Justamente entre los galardones que ha recibido en su vida, están los premios Pedro León Zapata que otorga El Nacional al mejor caricaturista de la prensa venezolana (2005 y 2008), y en el 2007 ganó la Pluma de Oro como mejor caricaturista en el 1er salón del humorismo Gráfico de la Feria Iberoamericana de Arte. Además, EDO pasó por varios diarios nacionales antes de llegar a su nueva casa: estuvo en El Diario de Caracas, El Camaleón, Economía Hoy, y El Mundo. De este último se despidió el 11 de agosto de 2014 y en su momento se dedicó a ser “agente libre” y cultivar aún más sus redes sociales con publicaciones frecuentes de caricaturas con índole social y política, todo sobre Venezuela. Sobre el uso de las redes sociales, el mismo EDO comenta para TalCual que “ahora es más fácil mostrar nuestros trabajos con la tecnología. El día a día del periódico se está terminando. Ahora uno sencillamente puede hacer una caricatura y de una vez subirla a la red”. Justamente, EDO dice que hay muchos nuevos caricaturistas. “Las redes sociales están llenas”. Tampoco estima que la raza de caricaturistas venezolanos haya mermado con la partida del mismo Zapata (a quien le agradeció darle el testigo y enseñarle la carrera del humor), Fonseca (de quien recuerda una entrañable caricatura sobre un ladrón y la policía), Leoncio y Pam-Chito. A todos ellos los llamó el “cuadro de honor del humorismo venezolano”. Todos los anteriores se decantaron por ser reaccionarios, por entregar caricaturas con gran mensaje, algunas veces muy inteligente sin dejar la crudeza de lado. EDO también refiere que para realizar una caricatura política, además de ser reaccionaria, debe llevar un mensaje reflexivo: “Cuestionar al poder a través del humor es difícil, y más en estos tiempos donde uno tiene que hacer humor serio ante las payasadas de estos gobernantes”. Sobre eso ha dibujado mucho, y ahora parece que EDO se decanta en su nuevo trabajo por los “monstruos enchufados”, quizás siguiendo la línea de crear unos personajes míticos dentro de la escuela del humor venezolano, como los “sapos militares” del mismo Zapata. Una de las caricaturas más difíciles de realizar para EDO fue representar la muerte del fallecido Hugo Chávez. “El país entero tenía una incertidumbre enorme. Lo dibujé saliendo de la viñeta y con unos puntos suspensivos detrás. Ahorita no tiene ningún impacto, pero en ese momento quería reflejar la gran incógnita que sentía el país en esos días”. 
por Luisa Quintero




Vea el especial en memoria 
de Zapata, Fonseca y Pam-chito

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