Persistir en el error

Dicen que el ser humano es el único que puede tropezar varias veces con la misma piedra. La realidad de nuestro país hoy es un buen ejemplo de esa capacidad infinita que pareciera tener el gobierno para seguir topándose con la misma piedra y seguir equivocándose en el camino que se requiere para progresar en paz, y generar la confianza necesaria para que Venezuela vuelva a ser un ejemplo positivo en la región. Lo más preocupante es el empeño en persistir en una vía, la del socialismo del siglo XXI, que pareciera no ser otra cosa que un neo totalitarismo, y todo el que conozca la historia de la humanidad sabe que esto conduce inexorablemente a resultados poco deseables.
Por otra parte, los opositores siguen deshojando la margarita y no acaban de entender que para lograr ser una verdadera alternativa de gobierno deben unirse, no solo en la forma, sino en el contenido de las propuestas de construcción de país, y de rechazo firme y decidido a todo intento de implantar algún modelo parecido al cubano en Venezuela.
Afortunadamente, la que pareciera ve clara la situación -y lo expresa sin ambages- es la Iglesia, la cual ha dado un paso al frente al llamar las cosas por su nombre y exigir la liberación de los presos políticos, el respeto a la Asamblea Nacional, la solución imperativa de la crisis humanitaria y el retorno a la democracia a través de elecciones libres.
Quizás en el gobierno muchos no hayan leído la advertencia del Quijote cuando le dijo a Sancho “con la Iglesia hemos topado”. O no recuerdan cuando el camarada Stalin, en forma burlona, le preguntó a Pío XII: ¿Cuántas divisiones posee el Vaticano?. La respuesta tardó unos años, pero fue contundente y decisiva en el desmoronamiento del comunismo Soviético: la designación de un hombre que valía más que todas las divisiones del ejército de la URSS, Karol Wotzila, Juan Pablo II.

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