¿TRIUNFARÁ REALMENTE LA PAZ?





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La Humanidad recorre terrenos peligrosos.
Se rebela contra el orden internacional, y se mueve simultáneamente hacia el aislamiento, el nacionalismo a ultranza, y el populismo, manifestaciones que en el pasado desataron espantosos estallidos.
Expresiones de este fenómeno son evidentes: el nacionalismo expansivo de Vladimir Putin; el Brexit, que decidió la separación de Inglaterra de la UE; el espacio que han ido ganando líderes radicales, de izquierda o de derecha, en otros países del viejo continente. Y ahora, Donald Trump.
Trump es un hombre que rompe todos los moldes. Hace ocho años, lanzó un movimiento de opinión para demostrar que Obama no había nacido en el país. Y hoy, aprovechando los vientos que recorren el planeta, construye una muralla -no la de Méjico- sino la de un nacionalismo a ultranza que yergue frente al peligro que, en el imaginario de densos segmentos de la población trabajadora, representa un mundo globalizado.
Es notoria la visibilidad de Trump. No hay ciudad en EEUU que no tenga un edificio que lleve su nombre, y en Nueva York son muchísimos. A Trump le gusta ser centro de atención, su nombre valoriza las propiedades, y a ello, por supuesto, le saca provecho.
Esta semana ocurrió un incidente que dice mucho del próximo presidente norteamericano.
Mike Pence, el vicepresidente electo, asistió acompañado de su esposa a la obra teatral Hamilton, comedia musical que recoge vivencias del prócer que quiso abolir la esclavitud. Terminada la presentación, los actores se unieron al borde del escenario para hacer un llamado a la concordia, luego del agrio debate electoral.
Pence lo escuchó sin alterarse, pero Trump, que venía manteniendo un bajo perfil, se sintió ofendido y disparó cuatros twits entre la media noche y el amanecer.
La mañana siguiente, alcancé a ver un corto debate televisivo. La polémica se centró, no sobre el contenido del mensaje, sino sobre si el mismo era reflejo o no de un movimiento orquestado.
Lo más obvio, sin embargo, pasó desapercibido: Que Trump, libre de las limitaciones que se impuso en la etapa final de la campaña, había aprovechado el incidente para volver a ser Trump: el hombre de la piel sensible, que caza confrontaciones para convertirse en eje de toda discusión.
Bien se ha dicho que no hay momentos más terribles en la historia que cuando los viejos tiempos se enfrentan a los nuevos. Surge entonces, como ahora, la polarización y líderes radicales toman las banderas.
El Isis, en el universo islámico, es reflejo del fenómeno que venimos describiendo.
Como ocurre con las capas tectónicas, los desequilibrios suelen ajustarse lentamente… o irrumpir cual terremoto. Pasada la crisis, el logro de una paz duradera es reflejo del equilibrio alcanzado.
Es allí, en la etapa final de cualquier confrontación, donde se inserta el diálogo como mecanismo para llegar a entendimientos, bien entre los triunfadores, como ocurrió en Yalta, o entre las partes contendientes, cuando existen bases para un entendimiento y razonable igualdad.
Pero cuidado. No hay que confundir paz con apaciguamiento. El apaciguamiento no corrige desequilibrios, solo posterga la confrontación. De ello hay un ejemplo clásico. Hitler utilizó el Tratado de Múnich para ganar tiempo, y preparar la invasión de Polonia que desataría la Segunda Guerra Mundial.
¿Surgirá a tiempo el equilibrio? ¿Triunfará realmente la paz?
Las preguntas son válidas…para Venezuela también.

Sobre si el TODO es…

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…la suma de las partes

Me siento en la obligación de informar a los lectores de este diario (aunque es muy probable que se hayan enterado por otros medios) que los dos sobrinos de la Sra. Cilia Flores, primera combatiente del país, fueron hallados culpables del delito de tratar de introducir 800 kilos de cocaína a los Estados Unidos.
Infórmales igualmente que de sus propias declaraciones quedó establecido que la droga salioo por la Rampa 4 del aeropuerto de Maiquetía y que los pilotos que usaron en sus desplazamientos a Honduras y Haití eran militares activos de la Fuerza Armada Venezolana.
Esta mención tiene un doble propósito: Uno ya ha quedado dicho, el otro, informar a los participantes del dialogo con qué tipo de gente están sentados.
Esto de saber con quién se dialoga es muy importante para saber a qué atenerse. Churchill, por ejemplo, le dijo a Chamberlain que era un error no tomar en cuenta que clase de tercio era Hitler antes de firmar el pacto de Múnich. Un pacto que según Chamberlain podía verse como una humillación pero que evitaría la guerra. Se revelo que lo que fue verdad fue lo que advirtió Churchill cuando le dijo. “Ud. Firmo una humillación que nos llevara la guerra”.
No tomar en cuenta el tipo de gente que una vez le dijo al país que la oposición es la nada, que con la burguesía no se dialoga; que el poder no se negocia; que son capaces de usar la rampa 4 como la usan y que ahora, arrinconados con menos del 20% de apoyo son unos fanáticos del dialogo son, para decir lo menos, dignos de cuidado.
Una vez más y, esta vez también el gobierno, está cayendo en la delicada posición de olvidarse de los problemas de la gente y copando la agenda del país con ítems de la política. La crisis humanitaria no deja de crecer. No nos extrañemos que un día una hecatombe social nos deje a todos guindados de la brocha.


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